AQUELLA PRIMERA VEZ A CABALLO en Hacienda Zamná

Actualizado: jun 10

Esa adrenalina que atraviesa tu cuerpo al acercarte por primera vez a un caballo es palpable; cualquiera alrededor de la escena podría percibirlo.

Los movimientos de uno se vuelven un poco tardos. Algunos miran con recelo al equino, futuro acompañante durante la aventura. Otros más lucen dubitativos al instante de acercar sus manos a la crin para el saludo amistoso inicial.


Sabemos lo difícil que es esto; en alguna ocasión y de cierta forma, todos experimentamos una combinación de emociones al aproximarnos a tan imponente animal, y en especial siendo la primera de todas.

Y en esto no existe distinción de edad: desde niños hasta grandes, variados sentimientos convergen y resuenan dentro de uno, debido a aquel magno acontecimiento.

En la hacienda, los caballos son amigables y están acostumbrados a estar rodeados de variadas personas. Al menos en eso uno puede estar seguro: la monta será en un caballo apacible, previamente domado y trabajado.

Pero, aunque uno comprenda esto, aquel extraño sentir en tu interior no desaparece: la decisión ya esta tomada.

Es de crucial importancia acercarse del modo indicado; los caballos son animales sumamente nobles, sin embargo, no dejan de ser animales — remarca continuamente Emilio el caballerango.

Hay ciertas reglas para aproximarse: abordarlos (preferentemente) por el lado izquierdo, de diagonal hacia delante.

Nunca de frente o por detrás: cerciorarse que el animal está consciente que vienes. *

Igualmente, puedes emplear la voz para hacerle saber al equino sobre el insospechado encuentro. Al hablarle al animal, revelas tu ubicación y con ello esté pendiente a todos tus movimientos. Puedes llamarlo por su nombre, saludarlo, o cualquier otra frase de cierta manera “introductoria” para alivianar la situación. No es necesario elevar la voz, sino más bien un volumen calmo; el o ella sabrá que estás cerca.

No obstante, aquel momento de la verdad llega con el tacto: rozar su uniforme pelaje, invariablemente terso y agradable al acariciarlo, o también las vistosas melenas; algunos caballos poseen tonos naturales tan peculiares, pareciese tuviesen los cabellos teñidos.

Es recomendable tocar por el área de la crin bajando por el cuello o también por la grupa.

Te acercas con cautela. Regresamos a la parte donde nuestras extremidades tiritan sutilmente. Varios se plantean desertar, pero tu mano se encuentra a medio camino. Y sin realizarlo, tus dedos comienzan a enredarse delicadamente en aquellas extrañas cabelleras.

Hasta este punto seguramente debes estar sonriendo. La emoción y júbilo recorren cada fibra de tu ser; el caballo pareciera estar relajado con tu presencia. Aquellos otros sentimientos que pudieran haber estado asociado a connotaciones negativas, han desaparecido.

Ahora sí, estás listo para montar y dirigirte hacia la aventura. Nada insensato: ni trote o galope o al menos no por ahora. Solo será una pacífica caminata donde el caballo y tú afianzaran aquella confianza inexistente en un principio.

Lo esencial será crear un vínculo de seguridad entre el jinete y el caballo; quizá fundar poco a poco una relación amistosa. Por si en alguna otra época se antoja regresar


.

*El campo de visión de los caballos es prácticamente de 360º debido a la posición lateral de sus ojos. Por lo mismo, no tienen visión en línea recta o en la parte trasera.

28 vistas